Calvario

En la parte más alta del camino Real, haciendo su entrada desde El Álamo, pueblo perteneciente a Madrid, a una legua de distancia, y viniendo desde la corte, por un camino agreste desprovisto de cualquier resguardo del sol, atraviesa varios arroyos que, dependiendo la época del año, pueden traer agua. el peregrino encuentra una simple cruz sobre una base de construcción típicamente castellana, en tiempos a extramuros de la población, que anunciaba al viajero la proximidad a Casarrubios del Monte. Parece haber sido el final de un viacrucis cuyas piedras se encuentra en el cercano jardín de la ermita.

Calvario-2

Calvario

En la parte más alta del camino Real, haciendo su entrada desde El Álamo, pueblo perteneciente a Madrid, a una legua de distancia, y viniendo desde la corte, por un camino agreste desprovisto de cualquier resguardo del sol, atraviesa varios arroyos que, dependiendo la época del año, pueden traer agua. el peregrino encuentra una simple cruz sobre una base de construcción típicamente castellana, en tiempos a extramuros de la población, que anunciaba al viajero la proximidad a Casarrubios del Monte. Parece haber sido el final de un viacrucis cuyas piedras se encuentra en el cercano jardín de la ermita.

Ermita de San Sebastián

A pocos metros del Calvario, a la derecha del camino y, dedicada a la advocación de San Sebastián, protector contra las sabandijas del campo, una espaciosa ermita da la bienvenida al caminante.

En ella reposaron los restos de San Isidro Labrador cuando en la madrugada del 17 de noviembre de 1619 llegaron desde Madrid a hombros del cabildo de esa ciudad para interceder por la salud del Rey Felipe III que se encontraba en Casarrubios aquejado de una grave enfermedad, por cuyo acontecimiento, la ermita guarda una réplica de la Cuarta Llave de su sepulcro.

Vino a visitar al rey el padre Roxas, tutor del príncipe Felipe, trayendo al cuello una pequeña imagen de la Virgen que dejó en esta ermita. Aquella imagen dio paso a la que hoy se venera y, poco, a poco, el fervor popular ha ido cambiando el nombre por el de ermita de la Virgen de la Salud.

La fiesta en honor a esta Virgen se celebra el primer domingo de mayo, cuyos documentos del siglo XVII afirman dar guardia de honor y escolta a la Virgen en su festividad, caballeros de capa y espada, convertidos en la actualidad en veinticinco mayordomos portando cetros coronados de flores rodeando la imagen de la Virgen, acompañados de gran fervor popular, siendo con la Virgen de Gracia, las dos imágenes más veneradas en Casarrubios del Monte.

Dejando la ermita de San Sebastián, un agradable paseo cubierto de árboles, darán protección al peregrino en los días calurosos y le llevarán hasta una plazuela donde se encuentra el Centro de Salud depende de la Sanidad de Castilla-La Mancha, abierto en horario de mañanas.

El viajero puede seguir el Camino Real que le llevará al centro urbano o, si lo prefiere, puede tomar la calle de Lepanto, frente al consultorio médico, que le llevará directamente a visitar el castillo.

Ermita de San Sebastián

A pocos metros del Calvario, a la derecha del camino y, dedicada a la advocación de San Sebastián, protector contra las sabandijas del campo, una espaciosa ermita da la bienvenida al caminante.

En ella reposaron los restos de San Isidro Labrador cuando en la madrugada del 17 de noviembre de 1619 llegaron desde Madrid a hombros del cabildo de esa ciudad para interceder por la salud del Rey Felipe III que se encontraba en Casarrubios aquejado de una grave enfermedad, por cuyo acontecimiento, la ermita guarda una réplica de la Cuarta Llave de su sepulcro.

Vino a visitar al rey el padre Roxas, tutor del príncipe Felipe, trayendo al cuello una pequeña imagen de la Virgen que dejó en esta ermita. Aquella imagen dio paso a la que hoy se venera y, poco, a poco, el fervor popular ha ido cambiando el nombre por el de ermita de la Virgen de la Salud.

La fiesta en honor a esta Virgen se celebra el primer domingo de mayo, cuyos documentos del siglo XVII afirman dar guardia de honor y escolta a la Virgen en su festividad, caballeros de capa y espada, convertidos en la actualidad en veinticinco mayordomos portando cetros coronados de flores rodeando la imagen de la Virgen, acompañados de gran fervor popular, siendo con la Virgen de Gracia, las dos imágenes más veneradas en Casarrubios del Monte.

Dejando la ermita de San Sebastián, un agradable paseo cubierto de árboles, darán protección al peregrino en los días calurosos y le llevarán hasta una plazuela donde se encuentra el Centro de Salud depende de la Sanidad de Castilla-La Mancha, abierto en horario de mañanas.

El viajero puede seguir el Camino Real que le llevará al centro urbano o, si lo prefiere, puede tomar la calle de Lepanto, frente al consultorio médico, que le llevará directamente a visitar el castillo.

Castillo de Casarrubios

Llamada “Fortaleza Nueva” por los vecinos en la época de su construcción, para diferenciarla de la otra ya existente en la villa, que se encuentra en el interior del recinto del palacio, el castillo fue comenzado a construirse entre 1484-96, en el sitio llamado de la Herrería, o Eras Bajas, por don Juan Chacón, Adelantado de Murcia, hijo de don Gonzalo Chacón, Mayordomo Mayor de la reina Isabel, quien estaba llamado a suceder a su padre en el Señorío.

Se trata de una construcción de castillo señorial de estilo mudéjar,  diseñado para el embellecimiento del señorío. 

Parte trasera del castillo de Casarrubios

Ejemplar tardío de arquitectura militar con enorme influencia islámica, construido por el alarife Ali Caro a semejanza del castillo de Coca en Segovia, en el que empleó a su hermano Afeite y, a otro, encargado de hacer la cal utilizada para la argamasa.

Su construcción, totalmente a base de ladrillo fino, fabricado a pie de obra, y argamasa de cal, le hacen único en la provincia de Toledo, quedando el gratino para el arranque de las garitas, saeteras y la doble ménsula donde se asienta el arco gótico de la entrada. Es considerado como una fortaleza de transición al mundo moderno.

Las dos poternas orientadas a norte y poniente podrían sorprender por su vulnerabilidad de 

no conocer, por las recientes excavaciones llevadas a cabo en su entorno, de un muro muro perimetral que protegía el castillo, separado de la construcción principal por un foso hoy cegado que le comunicaba a través de un puente levadizo.

El cuadrado patio de armas posee tres torreones octogonales en sus esquinas, típicos del s. XV, dejando el cuarto para la torre del homenaje en el lado sur, junto a la puerta, con la particularidad de contar en sus esquinas con torres circulares en su base, y octogonales en su parte superior. En su interior, en lo que fuera salón principal, conserva una magnífica bóveda o cúpula de ladrillo. 

La muerte prematura de su promotor acaecida en 1503, ocasiono la paralización de las obras y, a pesar de los sucesivos intentos de retomarlas por los  diferentes señores de Casarrubios, el adarve nunca recibió su coronamiento de garitas.

A pesar de no haberse dado nunca batallas de importancia, llegó a tener un armamento de bombardas pertenecientes al siglo XVI, y el año 1518, según marca que tiene en la última faja de la culata de ambas recámaras, y que doña Francisca de Sales y Portocarrero, condesa de 

Una de las bombardas que poseía el castillo. Ahora en el Museo del Ejército en Toledo.

Casarrubios y de Montijo, donó al museo del ejército en 1842, encontrándose dos de ellas en dicho museo en el Alcázar de Toledo.

A pesar de no haberse dado nunca batallas de importancia, llegó a tener un armamento de bombardas pertenecientes al siglo XVI, y el año 1518, según marca que tiene en la última faja de la culata de ambas recámaras, y que doña Francisca de Sales y Portocarrero, condesa de Casarrubios y de Montijo, donó al museo del ejército en 1842, encontrándose dos de ellas en dicho museo en el Alcázar de Toledo.

Regresando por la misma calle que se vino, se tomará la de la derecha o calle de la Picota, que baja bordeando y en paralelo por donde antaño trascurría la muralla, y el viajero volverá al mismo Camino Real, en cuyo cruce se alza el Rollo de Justicia.

Castillo de Casarrubios

Llamada “Fortaleza Nueva” por los vecinos en la época de su construcción, para diferenciarla de la otra ya existente en la villa, que se encuentra en el interior del recinto del palacio, el castillo fue comenzado a construirse entre 1484-96, en el sitio llamado de la Herrería, o Eras Bajas, por don Juan Chacón, Adelantado de Murcia, hijo de don Gonzalo Chacón, Mayordomo Mayor de la reina Isabel, quien estaba llamado a suceder a su padre en el Señorío.

Se trata de una construcción de castillo señorial de estilo mudéjar,  diseñado para el embellecimiento del señorío. 

Parte trasera del castillo de Casarrubios

Ejemplar tardío de arquitectura militar con enorme influencia islámica, construido por el alarife Ali Caro a semejanza del castillo de Coca en Segovia, en el que empleó a su hermano Afeite y, a otro, encargado de hacer la cal utilizada para la argamasa.

Su construcción, totalmente a base de ladrillo fino, fabricado a pie de obra, y argamasa de cal, le hacen único en la provincia de Toledo, quedando el gratino para el arranque de las garitas, saeteras y la doble ménsula donde se asienta el arco gótico de la entrada. Es considerado como una fortaleza de transición al mundo moderno.

Las dos poternas orientadas a norte y poniente podrían sorprender por su vulnerabilidad de no conocer, por las recientes excavaciones llevadas a cabo en su entorno, de un muro muro perimetral que protegía el castillo, separado de la construcción principal por un foso hoy cegado que le comunicaba a través de un puente levadizo.

El cuadrado patio de armas posee tres torreones octogonales en sus esquinas, típicos del s. XV, dejando el cuarto para la torre del homenaje en el lado sur, junto a la puerta, con la particularidad de contar en sus esquinas con torres circulares en su base, y octogonales en su parte superior. En su interior, en lo que fuera salón principal, conserva una magnífica bóveda o cúpula de ladrillo. 

 

Una de las bombardas que poseía el castillo. Ahora en el Museo del Ejército en Toledo.

La muerte prematura de su promotor acaecida en 1503, ocasiono la paralización de las obras y, a pesar de los sucesivos intentos de retomarlas por los  diferentes señores de Casarrubios, el adarve nunca recibió su coronamiento de garitas.

A pesar de no haberse dado nunca batallas de importancia, llegó a tener un armamento de bombardas pertenecientes al siglo XVI, y el año 1518, según marca que tiene en la última faja de la culata de ambas recámaras, y que doña Francisca de Sales y Portocarrero, condesa de Casarrubios y de Montijo, donó al museo del ejército en 1842, encontrándose dos de ellas en dicho museo en el Alcázar de Toledo.

Regresando por la misma calle que se vino, se tomará la de la derecha o calle de la Picota, que baja bordeando y en paralelo por donde antaño trascurría la muralla, y el viajero volverá al mismo Camino Real, en cuyo cruce se alza el Rollo de Justicia.

Rollo de Justicia

El rollo de Justicia, llamado popularmente “La Picota”, no es, propiamente, una picota, lugar de escarnio de los malhechores, si no, un rollo de justicia. Símbolo y señal de poder que tenían los señores de esta villa de practicar justicia, y uno de los tres símbolos que caracterizaban esta justicia, junto con la picota y la horca, ubicadas en diferentes partes a extramuros de la población. Aquí se llegaron a juzgar los casos suscitados dentro del territorio señorial y, dependiendo de las sentencias, eran cumplidas en el lugar de origen, dentro del señorío.

Los Señores de Casarrubios impartían justicia en su territorio a través de los alcaldes mayores, desde que, en el siglo XIV, el rey Pedro I entregara estas tierras a Diego Gómez de Toledo ordenándole poner alcaldes, y concederle la jurisdicción civil y criminal mero mixto imperio, llegando a tener dominio absoluto de jurisdicción sobre los pueblos del señorío.

El monumento parece ser posterior a la concesión del villazgo, o una sustitución de otro más antiguo. Se encuentra en el lugar dónde estaba la Puerta de Madrid del recinto cerrado que poseía la villa, a donde fue trasladado desde la plaza del pueblo en el siglo XV para celebrar las corridas de toros en honor a Enrique IV. 

Rollo de justicia original y restaurado
tras su caída en el S. XIX.

El rollo, caído a finales del s. XIX, fue vuelto a levantar mal restaurado, perdiendo la esbeltez inicial.

Se trata de una columna poliédrica octogonal, enteramente berroqueña, elevada sobre cuatro gradas de granito. Su fuste lo rodea un collarín o triple anillo, y coronado por un capitel sobre el que se levanta una tribunilla o farolillo con cubierta piramidal rematado en su parte más alta por una esfera.

Frente a él, la hoy casa parroquial se encuentra en los terrenos que antaño ocupara el hospital de San Pedro, fundado en 1572 y refundado cien años más tarde para acoger a mujeres desamparadas, sirviendo de refugio a varias familias hasta los años 60 del siglo pasado.

Siguiendo el Camino Real, se pasa por donde antaño se encontraba el mesón del Carmen, perteneciente al colegio del Carmen de Madrid, ahora llamada calle de la Villa. El peregrino continuará su recorrido hasta llegar a un cruce de calles o plazuela de los Palacios.

Rollo de Justicia

El rollo de Justicia, llamado popularmente “La Picota”, no es, propiamente, una picota, lugar de escarnio de los malhechores, si no, un rollo de justicia. Símbolo y señal de poder que tenían los señores de esta villa de practicar justicia, y uno de los tres símbolos que caracterizaban esta justicia, junto con la picota y la horca, ubicadas en diferentes partes a extramuros de la población. Aquí se llegaron a juzgar los casos suscitados dentro del territorio señorial y, dependiendo de las sentencias, eran cumplidas en el lugar de origen, dentro del señorío.

Los Señores de Casarrubios impartían justicia en su territorio a través de los alcaldes mayores, desde que, en el siglo XIV, el rey Pedro I entregara estas tierras a Diego Gómez de Toledo ordenándole poner alcaldes, y concederle la jurisdicción civil y criminal mero mixto imperio, llegando a tener dominio absoluto de jurisdicción sobre los pueblos del señorío.

El monumento parece ser posterior a la concesión del villazgo, o una sustitución de otro más antiguo. Se encuentra en el lugar dónde estaba la Puerta de Madrid del recinto cerrado que poseía la villa, a donde fue trasladado desde la plaza del pueblo en el siglo XV para celebrar las corridas de toros en honor a Enrique IV. 

Rollo de justicia original y restaurado
tras su caída en el S. XIX.

El rollo, caído a finales del s. XIX, fue vuelto a levantar mal restaurado, perdiendo la esbeltez inicial.

Se trata de una columna poliédrica octogonal, enteramente berroqueña, elevada sobre cuatro gradas de granito. Su fuste lo rodea un collarín o triple anillo, y coronado por un capitel sobre el que se levanta una tribunilla o farolillo con cubierta piramidal rematado en su parte más alta por una esfera.

Frente a él, la hoy casa parroquial se encuentra en los terrenos que antaño ocupara el hospital de San Pedro, fundado en 1572 y refundado cien años más tarde para acoger a mujeres desamparadas, sirviendo de refugio a varias familias hasta los años 60 del siglo pasado.

Siguiendo el Camino Real, se pasa por donde antaño se encontraba el mesón del Carmen, perteneciente al colegio del Carmen de Madrid, ahora llamada calle de la Villa. El peregrino continuará su recorrido hasta llegar a un cruce de calles o plazuela de los Palacios.

Palacio de los Condes y Señores de Casarrubios

La plazuela recibía su nombre por situarse en ella varios palacios entre los que destaca el de los Señores y Condes de Casarrubios, mandado levantar en 1352 por don Diego Gómez de Toledo, con un fortín en su interior.

Concluido por don Gonzalo Chacón, quien colocaría una portada en piedra berroqueña dispuesta en jambas, sobre la cual, un dintel, o conjunto decorativo en piedra caliza de estilo isabelino, muestra la armería de los Reyes Católicos en el centro, con escudo, flechas y la leyenda “Tanto Monta”, que nos retrotrae a la fase previa a la toma de Granda.

En sus extremos, la armería de sus constructores y fundadores del mayorazgo de Casarrubios, don Gonzalo Chacón y su esposa, Dña. Clara Alvarnaez, el cual vimos en el castillo, soportado por un friso con caracteres cúficos, imposible de leer por el deterioro de la piedra, similar al que figura en el sepulcro del matrimonio en la iglesia de San Juan de Ocaña, haciendo mención como servidores de la reina. Bordea o ciñe la portada un raro motivo decorativo constituido por ramas de encina repetidamente entrelazados. La encina ha sido siempre el emblema de la villa, apareciendo en el escudo originario de la villa representando al “monte” que se extendía en sus alrededores y daba nombre al pueblo.

Portada del palacio.

Detalle del herraje de las puertas.

Las puertas conservan los viejos remaches de clavos, bisagras y aldabones originales de la época.

En sus mejores tiempos el palacio poseyó salones con artesonados y policromías, con los escudos de sus iniciales dueños, capilla y una serie de habitaciones donde se alojaron reyes e ilustres huéspedes.

Isabel la Católica se hospedo en él las sucesivas veces que visitó la villa, como infanta, princesa y reina. Felipe III permaneció veintiséis días enfermo, en los que en su habitación se instaló un altar donde eran colocadas las reliquias llegadas para interceder por su curación, destacando el manto de la Virgen de Guadalupe que fue colocado sobre su cama mientras permaneció en ella, un dedo de la mano de San Isidro y el brazo de San Diego de Alcalá. 

En él se alojaron otros monarcas a su paso para Guadalupe o camino de Portugal, como Carlos V, Felipe II, Felipe V, Carlos III y Carlos IV, y algunas otras personalidades. La estancia de Juan II en este palacio no está suficientemente documentada a su pasó por Casarrubios camino a Guadalupe.

El último conde en residir en él fue Juan Chaves y Chacón, VI Conde de Casarrubios, casado en 1669 con la duquesa de Miranda, a la que unió los títulos, lo que hizo mal-llamar a este palacio, por algunos historiadores, palacio de los condes de Miranda.

A finales del s. XVII, los condes abandonan definitivamente el palacio marchando a Madrid, dejándolo en manos de sus administradores quienes lo llevaron su casi total destrucción. Un siglo después se encontraba en ruinas, y es vendido a varios vecinos del pueblo, quienes lo rehabilitaron para vivienda, en cuya reforma, entre 1874-75, perdió toda la majestuosidad con la que fue concebido, desapareciendo la planta superior y, con ella, el gran balcón sobre la portada, que también fue mutilada.

En el patio se encuentran las ruinas del fortín, o “Fortaleza Vieja” mandada levantar a mediados del s. XIV por Diego Gómez de Toledo, y terminado por Gonzalo Chacón a finales del XV, quien le añada un cuerpo más y levanta los cubos y barrera a base de mampostería de cal y cantos, con verdolagas de ladrillo a trechos. Contaba de tres cubos y un adosado rectangular con barrera almenada, troneras y un foso exterior.

Entre este castillo y la iglesia fortaleza de San Andrés, uno frente al otro, daban protección a la población.

Palacio de los Condes y Señores de Casarrubios

La plazuela recibía su nombre por situarse en ella varios palacios entre los que destaca el de los Señores y Condes de Casarrubios, mandado levantar en 1352 por don Diego Gómez de Toledo, con un fortín en su interior.

Concluido por don Gonzalo Chacón, quien colocaría una portada en piedra berroqueña dispuesta en jambas, sobre la cual, un dintel, o conjunto decorativo en piedra caliza de estilo isabelino, muestra la armería de los Reyes Católicos en el centro, con escudo, flechas y la leyenda “Tanto Monta”, que nos retrotrae a la fase previa a la toma de Granda.

En sus extremos, la armería de sus constructores y fundadores del mayorazgo de Casarrubios, don Gonzalo Chacón y su esposa, Dña. Clara Alvarnaez, el cual vimos en el castillo, soportado por un friso con caracteres cúficos, imposible de leer por el deterioro de la piedra, similar al que figura en el sepulcro del matrimonio en la iglesia de San Juan de Ocaña, haciendo mención como servidores de la reina. Bordea o ciñe la portada un raro motivo decorativo constituido por ramas de encina repetidamente entrelazados. La encina ha sido siempre el emblema de la villa, apareciendo en el escudo originario de la villa representando al “monte” que se extendía en sus alrededores y daba nombre al pueblo.

Las puertas conservan los viejos remaches de clavos, bisagras y aldabones originales de la época.

En sus mejores tiempos el palacio poseyó salones con artesonados y policromías, con los escudos de sus iniciales dueños, capilla y una serie de habitaciones donde se alojaron reyes e ilustres huéspedes.

Isabel la Católica se hospedo en él las sucesivas veces que visitó la villa, como infanta, princesa y reina. Felipe III permaneció veintiséis días enfermo, en los que en su habitación se instaló un altar donde eran colocadas las reliquias llegadas para interceder por su curación, 

PalacioCondesSeñores-2

Portada del palacio.

Detalle del herraje de las puertas.

destacando el manto de la Virgen de Guadalupe que fue colocado sobre su cama mientras permaneció en ella, un dedo de la mano de San Isidro y el brazo de San Diego de Alcalá.

En él se alojaron otros monarcas a su paso para Guadalupe o camino de Portugal, como Carlos V, Felipe II, Felipe V, Carlos III y Carlos IV, y algunas otras personalidades. La estancia de Juan II en este palacio no está suficientemente documentada a su pasó por Casarrubios camino a Guadalupe.

El último conde en residir en él fue Juan Chaves y Chacón, VI Conde de Casarrubios, casado en 1669 con la duquesa de Miranda, a la que unió los títulos, lo que hizo mal-llamar a este palacio, por algunos historiadores, palacio de los condes de Miranda.

A finales del s. XVII, los condes abandonan definitivamente el palacio marchando a Madrid, dejándolo en manos de sus administradores quienes lo llevaron su casi total destrucción. Un siglo después se encontraba en ruinas, y es vendido a varios vecinos del pueblo, quienes lo rehabilitaron para vivienda, en cuya reforma, entre 1874-75, perdió toda la majestuosidad con la que fue concebido, desapareciendo la planta superior y, con ella, el gran balcón sobre la portada, que también fue mutilada.

En el patio se encuentran las ruinas del fortín, o “Fortaleza Vieja” mandada levantar a mediados del s. XIV por Diego Gómez de Toledo, y terminado por Gonzalo Chacón a finales del XV, quien le añada un cuerpo más y levanta los cubos y barrera a base de mampostería de cal y cantos, con verdolagas de ladrillo a trechos. Contaba de tres cubos y un adosado rectangular con barrera almenada, troneras y un foso exterior.

Entre este castillo y la iglesia fortaleza de San Andrés, uno frente al otro, daban protección a la población.

Casas solariegas

En la misma plazuela, y frente al palacio, se encuentran varias casas solariegas, de las que hablaremos más adelante. En ellas habitaron los condes de Orellana la Vieja, de la que nacería una numerosa descendencia registrada en las partidas de bautismo, así como los marqueses de Olías y Mortara en el siglo XVII, quienes llegaron a residir varios años en la villa emparentados con los condes de Casarrubios a través de enlaces matrimoniales de sus hijos. A su marcha, las casas fueron ocupadas por la hidalguía casarrubiera.

Casa hidalga frente al palacio.

Casas solariegas

En la misma plazuela, y frente al palacio, se encuentran varias casas solariegas, de las que hablaremos más adelante. En ellas habitaron los condes de Orellana la Vieja, de la que nacería una numerosa descendencia registrada en las partidas de bautismo, así como los marqueses de Olías y Mortara en el siglo XVII, quienes llegaron a residir varios años en la villa emparentados con los condes de Casarrubios a través de enlaces matrimoniales de sus hijos. A su marcha, las casas fueron ocupadas por la hidalguía casarrubiera.

Monasterio de la Santa Cruz

A un extremo de la plazuela se encuentra el monasterio de la Santa Cruz, fundado en 1634 por el matrimonio Alonso García de Ojeda y su esposa, María Rodríguez, por bula del Papa Urbano VII del 8 de agosto de 1645. Cuya fundadora y primera abadesa fue la madre Sor Evangelista.

En 1634 sus fundadores comenzaron a comprar algunas casas que, por fin, lograrían cerrar como mísera clausura el 27-XI-1634, a las que se fueron añadiendo otras por compra o aportación en las dotes de algunas de las monjas. Años después se comenzó la construcción de la iglesia.

Fachada de la clausura.

La clausura, totalmente cisterciense, se extiende alrededor de un sencillo claustro, mientras su iglesia, terminada de construir a finales del s. XVII, es de estilo mudéjar toledano, de la escuela de Nicolás Vergara el mozo, cuya ejecución parece ser del maestro albañil casarrubiero, Pedro González Mayoral.

El sencillo interior de su iglesia, como como el claustro, lo alcanza con la reforma de 1964, en la que desaparecen retablos, esculturas y pinturas de cierta calidad.

Capilla del convento.

El templo adquiriere más luminosidad y sencillez al retirar las viejas celosías que cubrían la ventana sobre la puerta de la iglesia y las rejas del coro de la clausura, haciendo a la comunidad y al pueblo más participativo de los oficios religiosos. En su iglesia se encuentra el sepulcro de Sor Evangelista, madre fundadora que se haya en periodo de beatificación.

En la actualidad lo regenta una comunidad formada por una veintena de monjas benedictinas-cistercienses que, bajo su regla “Ora et labora” se dedican a la elaboración de una exquisita repostería y excelente mazapán que puede adquirirse en el torno de la clausura. Todos los días, a primeras horas de la mañana se celebra la Santa Misa en su iglesia, a la que pueden asistir todos los fieles que lo desee.

Monasterio de la Santa Cruz

A un extremo de la plazuela se encuentra el monasterio de la Santa Cruz, fundado en 1634 por el matrimonio Alonso García de Ojeda y su esposa, María Rodríguez, por bula del Papa Urbano VII del 8 de agosto de 1645. Cuya fundadora y primera abadesa fue la madre Sor Evangelista.

En 1634 sus fundadores comenzaron a comprar algunas casas que, por fin, lograrían cerrar como mísera clausura el 27-XI-1634, a las que se fueron añadiendo otras por compra o aportación en las dotes de algunas de las monjas. Años después se comenzó la construcción de la iglesia.

La clausura, totalmente cisterciense, se extiende alrededor de un sencillo claustro, mientras su iglesia, terminada de construir a finales del s. XVII, es de estilo mudéjar toledano, de la escuela de Nicolás Vergara el mozo, cuya ejecución parece ser del maestro albañil casarrubiero, Pedro González Mayoral.

Fachada de la clausura y capilla del convento.

Fachada de la clausura y capilla del convento.

El sencillo interior de su iglesia, como como el claustro, lo alcanza con la reforma de 1964, en la que desaparecen retablos, esculturas y pinturas de cierta calidad.

El templo adquiriere más luminosidad y sencillez al retirar las viejas celosías que cubrían la ventana sobre la puerta de la iglesia y las rejas del coro de la clausura, haciendo a la comunidad y al pueblo más participativo de los oficios religiosos. En su iglesia se encuentra el sepulcro de Sor Evangelista, madre fundadora que se haya en periodo de beatificación.

En la actualidad lo regenta una comunidad formada por una veintena de monjas benedictinas-cistercienses que, bajo su regla “Ora et labora” se dedican a la elaboración de una exquisita repostería y excelente mazapán que puede adquirirse en el torno de la clausura. Todos los días, a primeras horas de la mañana se celebra la Santa Misa en su iglesia, a la que pueden asistir todos los fieles que lo desee.

Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora

Retomando el Camino Real, enseguida aparece majestuosa la iglesia parroquial de Santa María, nombre con el que se conoce popularmente. Única en la villa a partir del siglo XIX en que se incendió la de San Andrés.

Mandada construir por don Francisco Chacón, IV señor de Casarrubios, y el cura propio de la villa, don Gaspar de Arévalo, en 1558. De estilo herreriano, con una sola nave y planta de cruz, elevada gracias a la construcción de las pechinas de sus bóvedas, y una gran cúpula sobre el crucero realizada en 1610 por el maestro de obras Nicolás Vergara el Mozo.

Bendecida el 25 de abril de 1564, el Santísimo se colocó doce años después. Su gran pila bautismal de granito fue colocada en 1576. En ella fueron bautizados grandes casarrubieros del siglo XVII, como el obispo Gregorio Téllez Villarroel y otros científicos y académicos del siglo XVII y XIII. El retablo principal de 1618, es obra de Juan de Castañeda, en el que figuran los escudos de los primeros Condes de Casarrubios del Monte.

Las obras se prolongarían hasta 1624 con el enlucido interior bajo la dirección del maestro de obras Balmaseda.

Interior de la iglesia parroquial
de Santa María.

Torre de la iglesia de Santa María y detalle de su chapitel.

La Iglesia “catedralicia” por sus medidas, alberga restos de la desaparecida iglesia de San Andrés, y una colección de cuadros de gran valor como Santa Inés de Alonso Cano, El nacimiento de la Virgen, de Antón Pizarro, La Virgen de la Antigua o de la Rosa del s. XVI, y la impresionante pintura sobre lienzo de 8,30 x 3,70 m. representando el martirio de San Andrés, de finales del S. XVII, procedente del retablo mayor de la iglesia de su advocación.

La sacristía guarda una pequeña pinacoteca de cuadros de gran valor, algunos ternos, capas pluviales, y un conjunto de cruces procesionales y otros objetos de culto, destacando un impresionante y rico archivo parroquial anterior al concilio de Trento.

La delicada estructura de su construcción ha llevado a sufrir varias reparaciones importantes a lo largo de su historia, dejándola sin culto por cortos periodos de tiempo.

Durante la estancia del rey Felipe III se celebraron en ella los oficios religiosos y rogativas por su curación, se albergó el cuerpo de San Isidro los días que permaneció en esta villa. Durante la estancia del rey en su sacristía y coro alto, se llevaron a cabo los Consejos de Guerra y Estado, para los que el rey mando hacer los bancos que se encuentran en la sacristía.

La torre comenzada a construir en el s. XVI, con una altura de unos 52 m. fue rematada en 1620 con ayuda de Francisco y Bernardo Chacón, arcedianos de Toledo y Talavera, respectivamente, hijos de los primeros condes y, sobrinos del arzobispo de Toledo D. Bernardo Sandoval y Rojas, quienes costearon el chapitel a base de pizarra y ocho bolas de plomo. Aprovechando el florecimiento de la villa, el chapitel original fue sustituido por otro herreriano, llegando con él al s. XVIII, en que fue reconstruido por uno en estilo barroco con el que ha llegado a nuestros días.

A las cuatro campanas que contaba al principio, llamadas de San Pedro, Santa María y de San Andrés Apóstol, con las que contaba en un principio, le fue añadida una cuarta, al parecer, procedente de la desaparecida iglesia de San Andrés.

Una puerta tapiada en el transepto de la iglesia, en sus principios daba acceso al cementerio que se extendía por el exterior del ábside.

A la derecha tenemos la imagen de un oleo en lienzo de 860 x 445 de la escuela madrileña, encargo al pintor Sebastián Muñoz quien dejó los bocetos hechos antes de morir, y realizado por Francisco Ruiz de la Iglesia, quien lo firma como Fran. Ignatius Pictor Regius Mti 1696. Representa el Martirio del patrono de Casarrubios del Monte, y formaba parte del retablo principal de la desaparecida iglesia. Restaurado en 1996.

 

Martirio de San Andrés.

Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora

Retomando el Camino Real, enseguida aparece majestuosa la iglesia parroquial de Santa María, nombre con el que se conoce popularmente. Única en la villa a partir del siglo XIX en que se incendió la de San Andrés.

Mandada construir por don Francisco Chacón, IV señor de Casarrubios, y el cura propio de la villa, don Gaspar de Arévalo, en 1558. De estilo herreriano, con una sola nave y planta de cruz, elevada gracias a la construcción de las pechinas de sus bóvedas, y una gran cúpula sobre el crucero realizada en 1610 por el maestro de obras Nicolás Vergara el Mozo.

Bendecida el 25 de abril de 1564, el Santísimo se colocó doce años después. Su gran pila bautismal de granito fue colocada en 1576. En ella fueron bautizados grandes casarrubieros del siglo XVII, como el obispo Gregorio Téllez Villarroel y otros científicos y académicos del siglo XVII y XIII. El retablo principal de 1618, es obra de Juan de Castañeda, en el que figuran los escudos de los primeros Condes de Casarrubios del Monte.

Las obras se prolongarían hasta 1624 con el enlucido interior bajo la dirección del maestro de obras Balmaseda.

La Iglesia “catedralicia” por sus medidas, alberga restos de la desaparecida iglesia de San Andrés, y una colección de cuadros de gran valor como Santa Inés de Alonso Cano, El nacimiento de la Virgen, de Antón Pizarro, La Virgen de la Antigua o de la Rosa del s. XVI, y la impresionante pintura sobre lienzo de 8,30 x 3,70 m. representando el martirio de San Andrés, de finales del S. XVII, procedente del retablo mayor de la iglesia de su advocación.

La sacristía guarda una pequeña pinacoteca de cuadros de gran valor, algunos ternos, capas pluviales, y un conjunto de cruces procesionales y otros objetos de culto, destacando un impresionante y rico archivo parroquial anterior al concilio de Trento.

Interior de la iglesia parroquial
de Santa María.

Torre de la iglesia de Santa María y detalle de su chapitel.

La delicada estructura de su construcción ha llevado a sufrir varias reparaciones importantes a lo largo de su historia, dejándola sin culto por cortos periodos de tiempo.

Durante la estancia del rey Felipe III se celebraron en ella los oficios religiosos y rogativas por su curación, se albergó el cuerpo de San Isidro los días que permaneció en esta villa. Durante la estancia del rey en su sacristía y coro alto, se llevaron a cabo los Consejos de Guerra y Estado, para los que el rey mando hacer los bancos que se encuentran en la sacristía.

La torre comenzada a construir en el s. XVI, con una altura de unos 52 m. fue rematada en 1620 con ayuda de Francisco y Bernardo Chacón, arcedianos de Toledo y Talavera, respectivamente, hijos de los primeros condes y, sobrinos del arzobispo de Toledo D. Bernardo Sandoval y Rojas, quienes costearon el chapitel a base de pizarra y ocho bolas de plomo. Aprovechando el florecimiento de la villa, el chapitel original fue sustituido por otro herreriano, llegando con él al s. XVIII, en que fue reconstruido por uno en estilo barroco con el que ha llegado a nuestros días.

A las cuatro campanas que contaba al principio, llamadas de San Pedro, Santa María y de San Andrés Apóstol, con las que contaba en un principio, le fue añadida una cuarta, al parecer, procedente de la desaparecida iglesia de San Andrés.

Una puerta tapiada en el transepto de la iglesia, en sus principios daba acceso al cementerio que se extendía por el exterior del ábside.

Martirio de San Andrés.

Oleo en lienzo de 860 x 45 de la escuela madrileña, encargo al pintor Sebastián Muñoz quien dejó los bocetos hechos antes de morir, y realizado por Francisco Ruiz de la Iglesia, quien lo firma como Fran. Ignatius Pictor Regius Mti 1696. Representa el Martirio del patrono de Casarrubios del Monte, y formaba parte del retablo principal de la desaparecida iglesia. Restaurado en 1996.

Antigua posada o mesón. S. XVII

Enclavado en el mismo Camino Real, y frente a la iglesia de Santa María, se encuentra uno de los cuatro mesones que en tiempos existieran en la villa, llamado Mesón del Conde. Servía de aposento de viajeros y peregrinos junto con La Posada, el mesón del Carmen.

Plaza de España

Centro urbano donde se encuentra el Ayuntamiento y otras dependencias municipales.

Antes de su remodelación, en ella se celebraban los tradicionales encierros y corridas de toros. 

Una placa recuerda el gran acontecimiento vivido en esta población durante los veintiséis días en los que fue “capital de España”.

Aquí el viajero podrá descansar tomando un refresco en una de sus terrazas, desde donde contemplará una vista de la iglesia y su espectacular torre.

Plaza de España

Centro urbano donde se encuentra el Ayuntamiento y otras dependencias municipales.

Antes de su remodelación, en ella se celebraban los tradicionales encierros y corridas de toros. 

Una placa recuerda el gran acontecimiento vivido en esta población durante los veintiséis días en los que fue “capital de España”.

Aquí el viajero podrá descansar tomando un refresco en una de sus terrazas, desde donde contemplará una vista de la iglesia y su espectacular torre.

Judería y Hospital del Corpus Christi

Partiendo de la plaza por la calle del Hospital, el viajero puede llegar a lo que en los siglos XIV y XV fue una de las juderías más numerosas e importantes de Toledo. A unos cien metros se haya el Hospital del Corpus Christi, levantado en 1530 en el solar que ocupara la sinagoga y baños de la judería al quedar sin uso tras la marcha de los judíos.

La gran aljama daba a la villa cierta categoría debido al gran comercio existente derivado de los oficios hebreos.

Restaurado 25 años después de su fundación por el cura de San Andrés, el hidalgo Rodrigo 

Hospital del Corpus Christi.

de Vivar, fue demolido en 1794 por D. Antonio de Arce y Acuña, ensanchando la calle y edificando uno nuevo con un gran portalón que daba acceso a dos amplias salas con seis camas cada una, para hombres y mujeres, vivienda para el enfermero, cocina, despensa y escalera para el piso superior. Al fondo, un corral alrededor del que se ubicaba la cuadra, carbonera, horno, pajar y depósito para cadáveres.

Mantenido con las rentas producidas por ciertas propiedades y tributos que cobraba la cofradía del Santísimo Sacramento, empleadas en dar asistencia médica y alimento a necesitados. Los altos impuestos sobre las propiedades exigidos por el gobierno intruso francés, les obligó a mal venderlas, o ser requisadas. La falta de recursos obligó al hospital a cerrar sus puertas en 1835. 

Judería y Hospital del Corpus Christi

Partiendo de la plaza por la calle del Hospital, el viajero puede llegar a lo que en los siglos XIV y XV fue una de las juderías más numerosas e importantes de Toledo. A unos cien metros se haya el Hospital del Corpus Christi, levantado en 1530 en el solar que ocupara la sinagoga y baños de la judería al quedar sin uso tras la marcha de los judíos.

La gran aljama daba a la villa cierta categoría debido al gran comercio existente derivado de los oficios hebreos.

Restaurado 25 años después de su fundación por el cura de San Andrés, el hidalgo Rodrigo de Vivar, fue demolido en 1794 por D. Antonio de Arce y Acuña, ensanchando la calle y edificando uno nuevo con un gran portalón que daba acceso a dos amplias salas con seis camas cada una, para hombres y mujeres, vivienda para el enfermero, cocina, despensa y escalera para el piso superior. Al fondo, un corral alrededor del que se ubicaba la cuadra, carbonera, horno, pajar y depósito para cadáveres.

Mantenido con las rentas producidas por ciertas propiedades y tributos que cobraba la cofradía del Santísimo Sacramento, empleadas en dar asistencia médica y alimento a necesitados. Los altos impuestos sobre las propiedades exigidos por el gobierno intruso francés, les obligó a mal venderlas, o ser requisadas. La falta de recursos obligó al hospital a cerrar sus puertas en 1835. 

Hospital del Corpus Christi.

Antiguas casas o palacetes

Siguiendo el esplendor que dejaron en la villa los siglos XVI al XVIII, podemos encontrar por sus calles varias casas construidas por la hidalguía, de las que se llegaron a censar más de una treintena, luciendo en las fachadas sus escudos nobiliarios, algunas de ellas edificadas en antiguas propiedades de la judería vendidas en marcha de la villa en 1492. Muchas de ellas pasaron a manos de la hidalguía, quienes aprovecharon los terrenos dentro de la cerca para construir sus casas o palacetes, como los Delgado, Rojas, Buzón, etc.

Una de ellas es la de la Veracruz, con su escudo de armas esquinado, levantada en la propiedad que el matrimonio judío Haym Jacis y doña Dona, tenían en la parte baja de los baños, pegados a la sinagoga, vendida el 29 de mayo de 1492, y en la que nació en 1520 don Alonso Delgado, obispo de Astorga.

Volviendo a la plaza de España, tomaremos la salida por la izquierda. Allí encontramos otra plaza llamada del Paradero donde se encontraba la Puerta de Toledo. Desde ella se divisa la gran torre perteneciente a la desaparecida iglesia de San Andrés. Por aquí los peregrinos y caminantes, cruzaban un puente de ladrillo y, salvando el arroyo del Arenal, les llevaba a otra plaza, donde se levantaba dicha iglesia y convento de agustinos con la capilla de Ntra. Sra. la Virgen de Gracia, y se volvía a coger el Camino Real de Guadalupe.

Casas hidalgas luciendo los escudos heráldicos de los Rojas, arriba, y de los Delgado en las
dos de abajo.

 

Antiguas casas o palacetes

Siguiendo el esplendor que dejaron en la villa los siglos XVI al XVIII, podemos encontrar por sus calles varias casas construidas por la hidalguía, de las que se llegaron a censar más de una treintena, luciendo en las fachadas sus escudos nobiliarios, algunas de ellas edificadas en antiguas propiedades de la judería vendidas en marcha de la villa en 1492. Muchas de ellas pasaron a manos de la hidalguía, quienes aprovecharon los terrenos dentro de la cerca para construir sus casas o palacetes, como los Delgado, Rojas, Buzón, etc.

Una de ellas es la de la Veracruz, con su escudo de armas esquinado, levantada en la propiedad que el matrimonio judío Haym Jacis y doña Dona, tenían en la parte baja de los baños, pegados a la sinagoga, vendida el 29 de mayo de 1492, y en la que nació en 1520 don Alonso Delgado, obispo de Astorga.

Volviendo a la plaza de España, tomaremos la salida por la izquierda. Allí encontramos otra plaza llamada del Paradero donde se encontraba la Puerta de Toledo. Desde ella se divisa la gran torre perteneciente a la desaparecida iglesia de San Andrés. Por aquí los peregrinos y caminantes, cruzaban un puente de ladrillo y, salvando el arroyo del Arenal, les llevaba a otra plaza, donde se levantaba dicha iglesia y convento de agustinos con la capilla de Ntra. Sra. la Virgen de Gracia, y se volvía a coger el Camino Real de Guadalupe.

Casas hidalgas luciendo los escudos heráldicos de los Rojas, arriba, y de los Delgado en las dos de abajo.

Torre de San Andrés

Dejando atrás las tres plazas, de España, Paradero y San Agustín, y dando muestras de la majestuosidad que poseyó el conjunto arquitectónico, se alza la torre de San Andrés, conocida, vulgarmente en el lugar, como “Torre Mocha”.

Perteneció a la iglesia de San Andrés, levantada en sustitución de la primitiva derribada en 1714 por amenazar ruina. Acabada de construir en 1717 por el arquitecto Eugenio Valenciano a base de ladrillo sobre sillares de piedra y recubierta de enlucido, da testimonio del gran templo al que perteneció.

La caída de un rayo en 1825, destruyó su tejadillo a cuatro aguas, e incendió parte de la techumbre del tempo. En la actualidad representa todo un símbolo para el pueblo.

TorreSanAndres-1

Torre de San Andrés

Dejando atrás las tres plazas, de España, Paradero y San Agustín, y dando muestras de la majestuosidad que poseyó el conjunto arquitectónico, se alza la torre de San Andrés, conocida, vulgarmente en el lugar, como “Torre Mocha”.

Perteneció a la iglesia de San Andrés, levantada en sustitución de la primitiva derribada en 1714 por amenazar ruina. Acabada de construir en 1717 por el arquitecto Eugenio Valenciano a base de ladrillo sobre sillares de piedra y recubierta de enlucido, da testimonio del gran templo al que perteneció.

La caída de un rayo en 1825, destruyó su tejadillo a cuatro aguas, e incendió parte de la techumbre del tempo. En la actualidad representa todo un símbolo para el pueblo.

Ruinas de San Andrés

Alrededor de la torre, unos muros dan testimonio del magnífico tempo de 50 metros de largo por 25 de ancho y más de 30 de altura que existió en este lugar.

Levantado en una zona elevada cercana a las casas originarias de la población, el templo fue reconstruido completamente en el S. XVI, sufriendo varias reformas posteriores, siendo su última construcción la torre, construida por amenaza de ruina de la anterior.

Con sus ocho capillas, a extramuros de la villa “en cerro alto y fuera del perímetro amurallado”, la iglesia llegó intacta al siglo XIX, y a salvo de los saqueos de las tropas napoleónicas. Un rayo caído en la torre en 1825, la incendia junto con parte de la techumbre de la iglesia, acometiendo varias obras de restauración que no consiguen alcanzar la destrucción del templo. El estado de la iglesia impedía la celebración de los oficios religiosos que son trasladados, junto con los objetos, obras de arte y retablos a la “iglesia Nueva”. La falta de fondos para la restauración y contar con otra iglesia, fue la causa principal de su abandono, ruina y completa desaparición en 1857.

A modo tradicional de iglesia medieval, alrededor de ella trascurría la vida social de la villa, celebrándose las reuniones concejiles y cesiones señoriales convocadas a “Campana tañida.”

Sus seis capillas, sufragadas por varias familias de la hidalguía casarrubiera, contaban con sus criptas correspondientes donde eran sepultados.

Convento de San Agustín

A su lado se encuentra el colegio público San Juan de Dios, levantado en los terrenos antiguamente ocupados por el convento de San Agustín, cuyos monjes llegados a Casarrubios hacia 1307, fueron obligados a su abandono cinco siglos después por el decreto de exclaustración de Mendizábal de 1835. La fachada principal del edificio se conservó hasta 1864 y, en 1910 el convento ya se encontraba en completa ruina, del que daba testimonio algún resto de sus muros.

La capilla del convento estaba dedicada a Ntra. Sra. de Gracia, comenzada a construir en el s. XV, cuyas obras se prolongaron hasta finales del XVII a base de donativos, rentas del convento, y limosnas llegadas de las Indias autorizadas por real cédula en 1650 y 1689.

La iglesia llegó a ser centro importante de peregrinación mariano de los alrededores, cuya devoción se extendió a las Indias y Filipinas, llevada por los frailes que salieron de este convento para la evangelización de aquellas tierras, desde donde, junto con las limosnas, llegaban peticiones de misas como aparece en el libro de sacristía de 1664. La devoción a la Virgen se extendía por todos los pueblos de la zona de los que llegaban peregrinos a su santuario.

Virgen de Gracia,
patrona de Casarrubios del Monte.

Convento de San Agustín

A su lado se encuentra el colegio público San Juan de Dios, levantado en los terrenos antiguamente ocupados por el convento de San Agustín, cuyos monjes llegados a Casarrubios hacia 1307, fueron obligados a su abandono cinco siglos después por el decreto de exclaustración de Mendizábal de 1835. La fachada principal del edificio se conservó hasta 1864 y, en 1910 el convento ya se encontraba en completa ruina, del que daba testimonio algún resto de sus muros.

La capilla del convento estaba dedicada a Ntra. Sra. de Gracia, comenzada a construir en el

s. XV, cuyas obras se prolongaron hasta finales del XVII a base de donativos, rentas del convento, y limosnas llegadas de las Indias autorizadas por real cédula en 1650 y 1689.

La iglesia llegó a ser centro importante de peregrinación mariano de los alrededores, cuya devoción se extendió a las Indias y Filipinas, llevada por los frailes que salieron de este convento para la evangelización de aquellas tierras, desde donde, junto con las limosnas, llegaban peticiones de misas como aparece en el libro de sacristía de 1664. La devoción a la Virgen se extendía por todos los pueblos de la zona de los que llegaban peregrinos a su santuario.

Virgen de Gracia,
patrona de Casarrubios del Monte.

Parque Isabel la Católica y su monumento

El parque fue creado en unos antiguos huertos pertenecientes a la familia Delgado, existentes fuera de la valla, por cuyo nombre popular se le conoce como “El Huerto”, al que el Ayuntamiento, a solicitud de la Asociación C. Princesa Isabel, y haciendo honor a esta reina como villa isabelina, acordó ponerle el nombre de “Parque Isabel la Católica” en el quinientos cincuenta aniversario de ser proclamada Princesa Heredera al Trono de Castilla en esta villa.

En él se lleva a cabo todos los años, el domingo más cercano al 24 de septiembre, un homenaje  a la reina organizado por la A.C. Princesa Isabel y el Excmo. Ayuntamiento, con participación del Capítulo de Nobles Caballeros y Damas de la Reina Isabel la Católica.

ParqueIsabelCatolica-1

Parque Isabel la Católica y su monumento

El parque fue creado en unos antiguos huertos pertenecientes a la familia Delgado, existentes fuera de la valla, por cuyo nombre popular se le conoce como “El Huerto”, al que el Ayuntamiento, a solicitud de la Asociación C. Princesa Isabel, y haciendo honor a esta reina como villa isabelina, acordó ponerle el nombre de “Parque Isabel la Católica” en el quinientos cincuenta aniversario de ser proclamada Princesa Heredera al Trono de Castilla en esta villa.

En él se lleva a cabo todos los años, el domingo más cercano al 24 de septiembre, un homenaje  a la reina organizado por la A.C. Princesa Isabel y el Excmo. Ayuntamiento, con participación del Capítulo de Nobles Caballeros y Damas de la Reina Isabel la Católica.

La Cruz

Una cruz de piedra berroqueña señala el antiguo emplazamiento donde, en otros tiempos, se encontraba la puerta de la Zarzuela del recinto amurallado. Entrada y salida de las gentes de los pueblos del sexmo de Casarrubios, dando comienzo, o fin, del camino principal que unía nuestro pueblo con Segovia a través de Villamanta.

Caño del Fraile

Saliendo por donde, en otros tiempos, se encontraba la originaria puerta del Sol, se llega a la que fuera hasta el siglo XX, la única y principal fuente de agua de la población, llamado “El Caño del Fraile”. Su nombre se debe a una leyenda de principios del siglo XVII. Se trata de un manantial con dos chorros y tres pilones, en los que las mujeres acudían a lavar, y abrevaban los ganados. Hoy convertido en un pequeño y fresco parque donde el rumor del agua mitiga los calores en las tardes veraniegas.

En sus alrededores se encuentra la plaza de toros, y la Vega Baja que bordeaba la antigua finca del conde de Casarrubios, donde el príncipe Felipe, futuro Felipe IV, según dicen los

documentos, gozó de la pesca y las delicias del campo los veintiséis días que estuvo acompañando a su padre en 1619.

Caño del Fraile

Saliendo por donde, en otros tiempos, se encontraba la originaria puerta del Sol, se llega a la que fuera hasta el siglo XX, la única y principal fuente de agua de la población, llamado “El Caño del Fraile”. Su nombre se debe a una leyenda de principios del siglo XVII. Se trata de un manantial con dos chorros y tres pilones, en los que las mujeres acudían a lavar, y abrevaban los ganados. Hoy convertido en un pequeño y fresco parque donde el rumor del agua mitiga los calores en las tardes veraniegas.

En sus alrededores se encuentra la plaza de toros, y la Vega Baja que bordeaba la antigua finca del conde de Casarrubios, donde el príncipe Felipe, futuro Felipe IV, según dicen los documentos, gozó de la pesca y las delicias del campo los veintiséis días que estuvo acompañando a su padre en 1619.

Camino de Guadalupe

Llamada así la parte del Arroyo del Arenal, hoy canalizado, que da inicio al llamado Camino de Guadalupe, por donde los peregrinos abandonaban la villa camino al pueblo de Las Ventas de Retamosa, despidiéndose de Casarrubios en el pequeño oratorio de San Antón, recuerdo, recuerdo de una antigua ermita aquí existente en el siglo XVII.

Si el viajero lo desea, podrá sentarse en una de las terrazas de la plaza disfrutando de la vista que le ofrece la gran torre de la iglesia, o continuar haciendo un recorrido por sus calles, donde encontrará rincones de interés con casas solariegas, y una población autóctona encantada de tenerles entre nosotros.

Así, los peregrinos a su paso para Guadalupe, que lo deseen, pueden sellar su credencial de su paso por nuestra población con el sello oficial.

Camino de Guadalupe

Llamada así la parte del Arroyo del Arenal, hoy canalizado, que da inicio al llamado Camino de Guadalupe, por donde los peregrinos abandonaban la villa camino al pueblo de Las Ventas de Retamosa, despidiéndose de Casarrubios en el pequeño oratorio de San Antón, recuerdo, recuerdo de una antigua ermita aquí existente en el siglo XVII.

Si el viajero lo desea, podrá sentarse en una de las terrazas de la plaza disfrutando de la vista que le ofrece la gran torre de la iglesia, o continuar haciendo un recorrido por sus calles, donde encontrará rincones de interés con casas solariegas, y una población autóctona encantada de tenerles entre nosotros.

Así, los peregrinos a su paso para Guadalupe, que lo deseen, pueden sellar su credencial de su paso por nuestra población con el sello oficial.